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Apr. 14th, 2012

YoungBae

Libertad

    Libertad    


“A veces tengo miedo de mi corazón,

de su hambre constante de lo que sea que quiere.

La forma en que se detiene y comienza otra vez.”

                  

                                              Edgar A. Poe

No había pasado mucho tiempo. Quizá ni siquiera había pasado una corriente de aire, ni siquiera una respiración lenta y húmeda. Pero el corazón sintió el golpe llano. Sintió como si el metal hubiera atravesado cualquier rincón, todos, sin piedad alguna. El corazón sintió, aún cuando lloraba y lloraba pudo sentir.  Irónico, triste pero moría con cada latido. Tum-tum, tutum… y dejó de funcionar. Ya no lloraba, ya no sentía. El corazón descansaba en la oscuridad de una sala vieja, percudida. Descansaba. Ya no sentía.

Ni dolor.

Ni melancolía.

Nada.

Nada sentía.

Finalmente era libre.

Libre.

Apr. 10th, 2012

[FIC] Volviendo a Casa (Supernatural)

Goodbye, I’m going home.

Algunas veces se hace difícil. Para Samuel Winchester algunas veces hasta el aire que respira le resulta insoportable. Muchos años atrás, cargados de dolor y resentimiento, peleó contra sus propias emociones incansables veces pero llegado un punto se hartó de soportar tanta tensión en su cuerpo.

Sammy.

El primero que lo llamó así fue su padre. Sam siempre quiso encontrar en los ojos de ese hombre (rígido, hermético como todo soldado) vestigios de calidez, una calidez humana y, mierda, cualquier cosa que no le hiciera querer golpear la pared más cercana. Pero las cosas eran como eran y si su padre utilizaba el estúpido apodo con cariño, bueno, quizá mucho tenían que ver noches y noches de completa soledad y botellas vacías de cualquier tipo de alcohol.

Dean Winchester, su hermano mayor, murmuraba “Sammy” más veces de lo que era sanamente posible y aceptable. Al principio a sabiendas de cuanto Sam odiaba el bendito apodo lo hacía para irritarlo, para presionarlo y llevarlo al abismo de la incompetencia, pero con el tiempo se hizo hábito y Sam podía ver en los ojos de su hermano que lo hacía, no porque era su deber, sino porque realmente sentía el afecto. Estaba ahí.

-Hey.

La sonrisa lo distrajo por unos leves minutos, suspiró fingiendo cansancio. La verdad era que estaba cansado pero pasaba por esa fase de la pubertad y se creía con el derecho de mandar a quien quisiera a la mierda. Incluido su hermano.

-Sam

Dean arrastró las palabras con un tinte de advertencia. Sam sabía que Dean no tenía intención alguna de molestarlo, pero había un hueco en su pecho que atravesaba cualquier fragmento de racionalidad que pudiera pertenecerle. Era ilógico, ese sentimiento de rústica venganza, pero respaldó sus intenciones en el hecho de que  su vida jamás había sido su elección. Jamás.

-¿Qué, Dean?

Masajeó la sien, respiró profundo y trató de calmar su coctel de emociones, después de todo Dean era su persona favorita, el único que no despertaba emociones salvajes de pura matanza. Dean lo observó por unos instantes evaluando sus posibilidades, sabía que Sam estaba en una fase complicada, era un hecho que tenía siempre en cuenta. Algunas veces se volvía insoportable, no se podía respirar en la misma habitación y cuando Sam salía golpeando la puerta con toda la fuerza que sus juveniles manos le habilitaban, Dean inmediatamente se arrepentía de perder control, de ignorar que para Sam las cosas nunca fueron fáciles. Pero, para él tampoco lo habían sido, después de todo eran hermanos compartían el mismo padre y la misma difunta madre. Dean frunció el ceño.

-¿Podrías…?

Sam levantó los ojos anticipando las palabras. En los ojos de su hermano pudo ver cómo brillaban las emociones quebradas, la acusación permanente que tanto se esforzaba en enmascarar con paciencia y pseudo comprensión. John Winchester, su padre, seguramente estaba lejos y cansado, enojado, con un objetivo fijo en su cabeza y Sam no se arrepentía de sus palabras pero Dean cargaba siempre con las consecuencias y eso le rompía el corazón más que nada.

-Me vas a pedir que mida mis palabras porque papá se esfuerza. Esa historia es vieja y la verdad es que estoy harto y ya no me importa.

-¡Sam!

15 años. 15 benditos años y nada cambiaba, lo único recurrente en su vida. Dean siempre quería remediar la mierda de su padre como un deber, una obligación de buen hijo y Sam odiaba con todo su ser que las cosas fueran así, que Dean tuviera que agachar la cabeza y pretender que la elección era suya y de nadie más. Sólo suya.

-No, es verdad y lo sabes… a él sólo le importa una cosa. ¡Jamás en mi puta vida me preguntó que quería, jamás!

Dean tensó los hombros y su expresión se oscureció de tal manera y facilidad que Sam tuvo miedo, anticipó casi por reflejo el duro golpe del puño de su hermano. Un golpe que nunca llegó a concretarse.

-¿Sabes qué? ¿Querés saber de lo que yo estoy harto, Sam? ¡Estoy harto de tu mierda! Harto de que siempre estés pidiendo explicaciones. Siempre ‘yo, yo, yo, mi sufrimiento, yo, yo’ Quise, por el amor de todo lo santo, concederte ese derecho, el derecho de estar enojado con el mundo pero el límite llegó a tope y tengo poca paciencia para aguantar la mierda de un puto mocoso egoísta.

Nunca en su vida Sam se sintió tan mierda como ese día. Quiso enojarse con su hermano, gritarle que la vida jamás le permitió sentirse de otra manera, que a él su madre jamás le arropó o cantó estúpidas canciones de cuna como a cualquier niño normal pero no lo hizo, simplemente parpadeó por unos segundos y salió corriendo de la casa, el peso de la culpa y arrepentimiento oprimiendo cada paso que hacía. Dean no trató de impedir la huída, demasiado nublado por sus propias emociones y feos sentimientos que por un largo tiempo habían persistido, acumulándose en su pecho hasta que fue demasiado hasta para su propia piel y expulsó todo como un vómito verbal. Cuando se hizo tarde y Sam no volvió a casa el pánico atravesó su pecho como una flecha a la distancia. No podía respirar y sus manos temblaban. Buscó cómo pudo dónde pudo sin victoria alguna, no podía llamar a su padre porque, primero y principal, John no se había despedido de sus hijos de la forma más fraternal que se pudiera esperar de un adorable padre. Caminó perdido por horas y horas, cuando regresó a casa encontró a su hermano sentado en el viejo sillón beige con la cabeza escondida tras sus largas manos. Fue tan abrumador el alivio que sintió que se olvidó de todo. Corrió hacia Sam y lo tomó de los hombros.

-¡Cabrón!

Gritó mientras abrazaba a su hermano, largos huesos que comenzaban a tomar forma, una forma que Dean todavía no estaba dispuesto a aceptar. Sam convulsionó abruptamente, murmuró cosas inentendibles (entre ellas palabras de remordimiento y perdón, perdón Dean, soy un hijo de puta, perdónperdónperdón)

Ninguno dijo nada después del abrazo. Y a Sam le gustaría pensar que las cosas habían cambiado para bien pero, la noción de su egoísmo y autodestrucción no le impidió seguir siendo un hijo de puta egoísta y autodestructivo. Dean tampoco cambió, siguió dando excusa tras excusa tratando de cubrir a su padre, escupiendo palabras hirientes cada vez que podía y disculpándose después como si todo, absolutamente todo fuera su culpa.

Por años luchó contra la oscuridad que envolvía, desde el día de su nacimiento, su persona. Una oscuridad latente que lo reconfortaba porque era lo único que naturalmente conocía y le pertenecía. Luchó contra esa anti-naturalidad lo mejor que pudo pero, después de años de falsas promesas y pretensiones sosas, se cansó y decidió que si quería ser normal tenía que aceptar que no había nada de normalidad en su vida. La ironía le dejó un sabor amargo en la boca pero al menos podía intentar. Pretender no, porque toda su vida hasta entonces se apoyaba en bases sólidas de pretensiones que sólo le rasgaban la piel y no le hacían ningún bien. Tenía que tomar sus propias elecciones.

-¿Qué dijiste?

Era de noche, y sí, la noche tiene esa aura pesada que repta la piel dejando feas escamas y una sensación de vació difícil de llenar, pero la pesadez que les dificultaba respirar era impulsada por otra cuestión más profunda que la magia de la naturaleza.  Sam respiró, infló su pecho como si el aire contuviera coraje, como si eso le facilitara las cosas.

-Me voy a Stanford.

John avanzó sin advertencia, tomó a su hijo menor del cuello de la camisa, su mirada oscura y puntual. Los músculos de su cara se tensaron de tal manera que creyó que no podría hablar.

-No.

Dijo con finalidad y Sam tuvo la decencia de reírse. Rió con tantas ganas que pensó que se desmayaría en esa percudida habitación. Uno de los tantos hoteles que recorrían en su jodida vida. Pronto sería un borroso recuerdo.

-¿Te da gracia? ¿Qué te resulta gracioso?

-¿Qué me resulta gracioso? Qué digas ‘no’ cuando ni siquiera te pregunté. Jamás te pregunté y no lo haré. Es mi decisión, lo que yo quiero y siempre quise.

-¿Lo que siempre quisiste, Sammy?

-Lo que siempre quise.

Sam afirmó sin quitar la mirada de su padre. La respuesta obviamente no alivió la tensión que John Winchester estaba seguro lo podía llegar a matar en cualquier momento.

Dean estaba parado a un costado mirando la escena como si fuera una mala película de acción, sus ojos distantes y su cuerpo rígido. La verdad era que nada, absolutamente nada lo había preparado para una situación así. Podían darle el más difícil de los casos, pelear con una criatura desconocida, sin referencia alguna de cómo matarla en alguno de los libros de Bobby Singer, pero al fin y al cabo sabría cómo llegar a una solución, mierda, podían darle una revista de sudoku o crucigramas y sabría cómo hacerlo, incluso pasar días sin comer pero ¿esto? Tener a su padre y a su hermano casi matándose con la mirada-Sam marchándose, dejándolos atrás, abandonándolos, eso, jamás. Su mente corría a mil por horas, llenándose de imágenes y pensamientos volátiles, recopilándose, abarcando casi todo el espacio pero su cuerpo continuaba de piedra, como una fría estatua de mármol. De pronto sintió un feo impulso y avanzó hacia dónde estaban John y Sam, los separó y quiso simultáneamente abrazar a Sam, rogarle que no se fuera y pedirle a su padre que fuera leve, que comprendiera a Sam, que hiciera cualquier cosa, que, por favor, si era necesario mentir que lo hiciera pero un mar de fuertes emociones que creía olvidadas surgieron en ese momento y no pudo más que resignarse a ser presa de su propio dolor.

-¿En serio Sam? ¿Estás hablando en serio? ¡Mierda!  Pensé, todo este tiempo creí que eras egoísta pero… jamás pensé que llegarías a este punto.

Sam quedó completamente inmóvil. Pensé, creí… Las dos únicas palabras que revoloteaban en su cabeza, como un mantra. Vio que Dean abría su boca pero las palabras que salían eran silenciosas. Por un momento entró en pánico creyendo que se había vuelto sordo, que había perdido la habilidad para escuchar, que tanta presión y tantos sentimientos encontrados habían finalmente encontrado un punto de equilibrio en su cuerpo y explotado dejándolo completamente inútil. Su teoría cayó rápidamente cuando Dean se acercó y comenzó a sacudir sus hombros.

-¡Sam! Te estoy hablando.

-¿Sabes qué Dean? Dejalo, dice que es lo que siempre quiso. Si es así no hay nada que se pueda hacer.

-Pero…

Sam lo único que quería era irse, escapar… las palabras de Dean latentes en su cabeza.

-Me voy.

-Si te vas no hay vuelta atrás, Sammy.

Fueron las últimas palabras de John Winchester. Sam apartó a Dean, cogió la vieja mochila y salió por la puerta casi corriendo.

-¡Sam, Sam!

Dean gritó y gritó pero Sam nunca volteó si quiera a mirarlo.

 Todo lo demás pasó tan rápido como un sueño irreal. Dos años, dos años en los que cambió tanto que, cuando se miraba al espejo, era incapaz de reconocerse. Eso, hasta que Dean volvió a su vida reclamándolo (¡Papá se fue Sam, tenemos que encontrarlo!).

Sí, le resulta difícil recolectar los pedazos (pequeños vestigios) de su vida y ordenarlos en imágenes que encajan como un rompecabezas de más de mil piezas. Cerrar los ojos y rememorar las emociones, tan tangibles, palpables, que parecieran estar al alcance de su mano, pero que desaparecen como un frágil espejismo. Resulta difícil olvidarse de los miedos, rencores, odios, de lo quitado, lo nunca obtenido y lo que jamás será. Resulta difícil convivir con tantas emociones juntas (pasado, presente, futuro) que a veces siente un vacío, una amortiguación en su pecho que se expande y expande y nunca tiene fin.

-¿Sammy?

Dean le toca el hombro, sus cejas se arrugan en medio de su frente, una expresión que Sam está convencido es tan característica de su hermano que ya se hizo permanente. Últimamente es todo lo que hay, lo que quedó entre ellos.

-Dean…

-¿Estás bien?

-Sí, sólo estaba pensando.

Sam esperó por la respuesta cínica y sarcástica pero Dean sólo apretó sus labios y fue la única reacción que tuvo. Se alejó un poco sacudiendo los hombros, caminó hasta la vieja heladera y sacó un par de cervezas.

-¿Está todo bien?

-, Dean.

-Quería estar seguro.

Ofreció una de las botellas a Sam, en silencio bebió un poco y miró a la distancia. Sam imitó a su hermano, sabía que Dean seguía con el maldito hábito de echarse la culpa de todo, sabía que había muchos pesares que lo condenaban y que prefería callarlos, mostrarse fuerte porque eso es lo que hace un hermano mayor.

-Hey, Dean, en serio… estoy bien.

Dean lo miró un rato, sus ojos fijos en Sam, asintió con la cabeza después de unos segundos y, cuando Sam creyó que le llorarían los ojos por la intensidad del viento, Dean sonrió. Sam suspiró, aliviado de que la fea tensión se alejara de ellos. Por primera vez en su vida no había mentido, ni a sí mismo ni a su hermano, cierto, todavía tenían muchos asuntos pendientes, viejas emociones enlazadas en sus manos como invisibles cordones, verdades/mentiras ocultas amenazando con salir a flote en cualquier momento pero, Sam estaba seguro, que no tenían importancia. Por lo menos no de momento y, si llegaran a salir, sabrían como afrontarlo porque, después de todo, estaban juntos y eso era lo que importaba. 

(no subject)

Cruel, cruel mundo (o la vez que Jensen Ackles deseó ser un asesino serial).

Nada, absolutamente nada preparó a Jensen para lo que pasaba frente a sus narices. Parpadeó un poco (una, dos, tres y dejó de contar) y aún así la imagen seguía ahí, erguida, sonriente, como una figura digna de un puto comercial. Jensen tuvo muchas pero muchas ganas de cerrar la puerta y hacer como si nada hubiera ocurrido, volver a la cama y dormir junto a Jared. Sin embargo, como una novela trillada, Jared eligió justo ese preciso instante para aparecer y tirar todo a la mierda.

“¿Misha? ¿Sos vos?”

Y sí, Misha Collins estaba parado al otro lado de la puerta. Sonrisa intacta, ojos demasiado brillantes para ser normal y Jensen quiso patear la pared, o a Misha en todo caso, pero se limitó a suspirar y abrir la puerta un poco más para dejar entrar al ex de su pareja. ¡La vida era tan injusta!

Jared frunció el ceño tan o quizás más confundido  que Jensen. Se suponía que Misha estaba en algún lugar de Estados Unidos filmando una película  junto a Julia Roberts (o eso decían las revistas, incluso lo habían pasado en el noticiero los otros días). Eso no era lo que más le preocupaba a Jared, sino el hecho de que Misha y él habían perdido contacto hace tiempo, justamente cuando el último decidió que no estaba preparado para una relación estable. A la semana tomó un avión y, Jared recuerda con cierto recelo, al mes ya estaba saliendo en revistas siendo el hot topic del cotorreo.

“Voy al baño.” A suicidarme con el cepillo de dientes.

Jensen miró de mala gana a su pareja y se alejó lo más que pudo. Jared no merecía el maltrato pero era inevitable, sentir la incomodidad que sentía y redoblarla como un mecanismo de defensa hasta convertirla en su más fuerte escudo. Tenía miedo y eso significaba malas noticias. En el fondo de su cabeza podía sentir la risa burlona de todas sus inseguridades.

“¿Qué estás haciendo acá Misha?”

“Ahm…”

Si había algo que quedaba de esa vieja (lejana, lejana, lejana) relación que habían tenido, era el conocimiento de que Misha podía ser cualquier cosa menos tímido. Jared levantó una ceja y se cansó de esperar por la respuesta que nunca obtuvo, caminó hasta la cocina y lo que menos esperó fue que su ex pareja (famoso, famoso actor) lo siguiera y le sujetara del brazo.

“Jared, ¡mierda! No sabía que estabas con alguien. Yo perdí contacto con Chad, y si hubiera sabido que las cosas serían así no estaría acá. Lo juro”

Jared se odio por unos segundos porque, cierto era que no habían terminado bajo las mejores condiciones pero Misha era una persona sincera, transparente y, tenía que admitir, antes de que fueran amantes fueron muy buenos amigos y ese vacío que dejó jamás pudo llenarlo. Ahora tenía a Jensen y lo amaba más que a nada en el mundo. Completamente distinto a Misha, una persona simple y diáfana, de fuertes convicciones y ambiciones inamovibles. Jared nunca sintió la necesidad de compararlos porque lo que sentía por su pareja jamás lo había sentido por nadie.

“¿No se suponía que estabas filmando con Julia Roberts en algún lugar lejos de Canadá?”

Misha dejó salir el aire por su nariz aliviado, sonrió porque supo al mirar a Jared que sus palabras fueron creídas. Tanteando su suerte tomó una silla y se sentó con comodidad absoluta.

“Nah, me escapé por unos días.”

Jared sacudió la cabeza caminando hacia la alacena, en cualquier momento aparecería Jensen y si había algo que era primordial para el hombre era su muy querido café matutino. Arrugó un poco la frente preocupado, Jensen estaba tardando mucho tiempo en el baño. Sin pensar, como un movimiento automático, sacó dos tazas a punto de ir a buscar a su pareja cuando sintió un leve chasquido que reconoció instantáneamente.

“Mmm…”

Misha miró a un costado observando a Jensen con cierta curiosidad en sus ojos. Jensen no supo que decir ni que hacer pero el otro hombre se adelantó ofreciéndole la mano.

“Hey, soy Misha Collins”

Como si no lo supiera. Jensen se mordió la lengua, la única forma de retener su cinismo venenoso. Disimulando su precaución lo más que pudo estrechó su mano y tomó la ajena para apretarla cordialmente. O eso quiso creer, porque los ojos de Misha le contaban otra historia. ¡Malditos actores de caras bonitas! ¡Estúpidos actores que sólo saben manipular las situaciones! Jensen era un hombre inteligente, delante de Jared no perdería la cordura.

“Jensen Ackles”

Dijo y al instante soltó la mano, como si una llama de fuego sorpresiva le hubiera quemado sin piedad alguna. Y podía ser literal. Ninguno dijo nada por un tiempo largo, que se hizo incómodo e insufrible para los tres. Jared aprovechó para depositar las tazas en la mesa, había decidido de último momento sacar una más y preparar a Misha un café. Cosa que lamentó en su alma cuando el humo viajó hasta las fosas nasales del actor y, genuinamente tentado, levantó la taza y con una sonrisa llena de satisfacción miró a Jared como si no hubiera nadie más en la cocina antes de decirle:

“No olvidaste cómo me gusta que me preparen el café.”

Jensen, que se había sentado de lado opuesto a Misha, se tensó de tal manera que Jared tuvo miedo de un surménage inminente.

“Tengo que ir a trabajar.”

Jared sintió una fea opresión en su pecho, Jensen lo miró con una dureza inexplicable antes de levantarse de la mesa y salir de la cocina. Sintió tanto pánico que lo único que pudo hacer fue caminar tras su pareja y explicarle. ¿Explicarle qué? Jared no estaba seguro pero era una necesidad que le nacía y no lo dejaba tranquilo. Jensen respiró evitando el contacto.

“Después vamos a hablar.”

Fue lo último que dijo antes de marcharse dejando a Jared con un vacío opresivo en su cuerpo. Y un ex con intenciones ambiguas sentado en la cocina de su casa.

“¡Me estás jodiendo!”

Jensen rió con ironía.

“Ojalá Chris, pero te digo que el hijo de puta estaba ahí, en mi puta cocina, tomando café de mi puta taza y diciendo ‘oh Jared todavía sabes cómo prepararme café’ ¡Hijo de puta!”

“¡Es un cabrón hijo de puta madre! Nunca me gustó, siempre supe que no valía una mierda, todas esas películas de mala muerte…”

“Hasta una semana atrás era tu ídolo.”

“¡Y un culo!”

Chris gritó a los cuatro vientos pero la verdad era que Misha Collins era uno de los pocos actores que le gustaban. Bueno, hasta que su mejor amigo de toda la vida le contó lo sucedido esa mañana.

“¡Mierda Chris! Incluso yo hasta hace poco le tenía respeto, jamás creí que fuera posible que esas cosas pasaran en la vida real, ¿sabes? Es… es ilógico, no tiene sentido.”

Chris entendió, aún cuando Jensen no decía directamente las palabras comprendía el contenido implícito. Misha Collins era un actor muy reconocido, una persona que se codeaba con otras estrellas, gente de su misma categoría y podía tener lo que quisiera y a quien quisiera sin pestañear incluso. ¿Por qué Jared Padalecki? ¿Por qué justo ahora? Y Chris sintió en su pecho una punción insoportable y un deseo sobreprotector irracional. Un deseo de proteger a sus dos amigos y la relación que tanto habían luchado por mantener.  

“Quizás sólo quiere retomar contacto con viejos conocidos.”

Jensen lo miró fijamente, sus ojos verdes se oscurecieron de tal manera que Chris creyó que se volverían negros y, tenía que admitir que la posibilidad no era descabellada pero que para esta situación no era la adecuada.

“O quizás está a punto de morirse y quiere remediar errores del pasado.”

Un silencio largo se hizo presente. Jensen jamás admitiría la satisfacción que le produjo esa sugerencia. Chris miró la nada.

“¡Cabrón! ¡Me estás tomando por el culo Jared!”

“No, Chad, es la décima vez que te digo que no. Misha estaba ahí, en casa, sentado en mi cocina, tomando de mi taza…”

Jared omitió el pequeño detalle de su error ‘No olvidaste cómo me gusta que me preparen el café.’ Siempre había sido un hábito suyo prepararle café a Misha antes de la primera clase (en esa época vivían juntos, Chad los acompañó por un tiempo hasta que “formalizaron” su relación y Chad sintió que estorbaba) justo como hacía con Jensen. Suspiró sintiendo nuevamente ese vació que amenazaba con robarle el alma y dejarlo completamente desnudo y vulnerable. Si Chad supiera se reiría.

“¿Y qué mierda hiciste cuando Jensen se fue? Imagino que le diste una patada en los huevos al hijo de puta.”

“No Chad, me hubiera gustado pero soy una persona civilizada lamentablemente. Sólo…”

“¡No Jared! ¡No me digas que te sentaste y charlaron un rato porque te juro que yo te voy a patear los huevos!”

Jared frunció el ceño. Miró a su amigo con todo el odio que pudo acumular en su cuerpo pero resultó inútil y sabía de antemano, Chad era inmune ante tales amenazas.

“No, no hice eso. Simplemente le dije que no era un buen momento, que no podía darle una dulce bienvenida después de tanto tiempo, después de lo que pasó y que cambiamos y, ¡mierda Chad! ¿Por qué justo ahora? Jensen…”

Jared agachó la mirada, cubrió parcialmente su rostro con un brazo y dejó caer su cuerpo sobre la gruesa mesa de algarrobo, acurrucando su cabeza entre sus brazos. Chad era gran parte del tiempo un brabucón, sin filtro alguno, pero entendía que cuando una situación estaba jodida una situación estaba jodida. Y Jared estaba metido hasta el cuello de mierda. Sintió un remolino de emociones, pero sobretodo un dolor fuerte y mucho enojo.  Sin pensarlo abrazó a Jared, un impulso que casi nunca dejaba que le traspasara la piel.

“¿Chad?”

“Shhh, si le contas a alguien juro que te mato.”

Jared se dejó abrazar y, sintiendo el fuerte aroma de la colonia de Chad, lloró sobrepasado por una montaña rusa de emociones. ¡La vida era tan injusta!

Misha miró la pantalla de su Iphone, por minutos y minutos. Gracias a unos contactos cercanos a Jared pudo conseguir su número de teléfono y un poco de información acerca de Jensen Ackles, su pareja actual. Suspiró sacudiendo la cabeza. Misha se consideraba una persona amena y, cierto, se manejaba a base de impulsos pero era racional, últimamente no estaba tan seguro de tener esa cualidad. Jared estaba en el pasado, era natural que después de tantos años construyera su vida y siguiera adelante pero Misha vivía de recuerdos (algo que jamás le confesaría a nadie ni aunque estuviera a punto de morir). No cualquier recuerdo, sino precisamente del remordimiento de haber sido cobarde y dejar a Jared atrás, de haberlo apartado y borrado de su vida como si nada. Dolía, su egoísmo dolía pero no podía hacer nada… excepto desear tener a Jared otra vez en su vida. Lo malo es que Jared no compartía buenas memorias acerca de la relación que alguna vez tuvieron, no lo culpaba, porque ahora había alguien más. Misha podía intentar, podía escabullirse y volver a formar parte de ese mundo, del mundo de Jared aunque fuera como amigo. Una vez, hace mucho tiempo atrás, el recuerdo de dos adolescentes (uno alto, alto y no muy social, el otro más bajo y completamente idiota) ensombrecía las paredes de su cabeza.

“¡Misha, te esperan en el set!”

“¡Voy!”

Sí, definitivamente, podía intentar.

Cuando Jensen llegó a casa era de noche y lo único que lo recibió fue la oscuridad de la sala. No anunció su llegada como generalmente solía hacer, era estúpido porque había hecho (y caía en la ironía de que siempre lo hacía) un terrible alboroto con las llaves. Además estaba seguro de que lo que menos quería Jared era que le informaran de su presencia, si las luces apagadas eran un indicio. De pronto una idea chocó contra la tapa de su cráneo provocándole un fuerte mareo y una sensación nauseabunda. ¿Y si Jared no estaba en casa? Eso sólo podía significar una cosa. Misha Collins. Desesperado tiró su maletín al piso y salió corriendo a la habitación que compartían o, bueno, esa había sido la idea porque ni bien movió su pie derecho se enredó con un par de zapatos y cayó al piso de manera poco ceremonial. Maldijo a medio mundo antes de pararse y apretar el botón de la luz, pero cuando todo se iluminó en la sala, no sintió ningún alivio, todo lo contrario, quiso arrancarse los ojos. Volviendo al plan principal corrió hacia su habitación porque las nauseas incrementaban. Los zapatos con los que había tropezado no eran los de Jared. Abrió bruscamente la puerta y encendió de inmediato la luz.

“Hombre…”

Chad se quejó cuando la intensidad chocó contra sus ojos cegándolo parcialmente. Jensen cerró los ojos respirando profundamente. Sintió un poco de culpa porque sabía que había reaccionado de manera dramática. Jared dormía a un costado de la cama como si nada, como si Jensen casi no hubiera arrancado la puerta y dejado ciego a su mejor amigo.

“Perdón.”

Chad miró a un costado cerciorándose de que Jared no hubiera sido perturbado, sacudió la cabeza y cuando recobró los sentidos miró a Jensen regalándole su sonrisa más típica.

“Oh sí Jensen, mientras estabas trabajando cogimos toda la mañana y después de una ducha caliente seguimos cogiendo como dos conejos rabiosos.”

“¡Qué te den!”

Jensen escupió duramente pero la verdad era que no había malicia ni rencor en su tono, conocía a Chad lo suficiente como para saber que le gustaba joderle la existencia (a él y a medio mundo) por eso se golpeaba mentalmente, tendría que haber registrado que esos zapatos en la entrada pertenecían a Chad, una maldita costumbre de antaño que nadie le podía quitar. Pero… su mente estaba en otro lugar y completamente alterada. Sacudió la cabeza y caminó con rumbo a la cocina. Tenía hambre, no había podido comer en todo el día y de pronto, sentía puro aire en su estómago. Seguramente Jared había preparado algo. A Jared le gustaba cocinar y, cuando lo hacía, vestía ese delantal ridículo que Jensen le había regalo en broma (rosa pastel con estampados de pequeñas tortas y letras en un rosa más oscuro que decían “en la cocina mando yo”) Chad apareció al rato.

“Volvió temprano porque le dolía la cabeza.”

“¿Y tu excusa cuál fue?”

“Mmm, ninguna simplemente dije que no tenía ganas de trabajar.”

Jensen rió ante el descaro de Chad, examinó los contenidos de la heladera y, para su disgusto, no encontró nada. Frunció el ceño sin querer y, del pecho, le surgió un sentimiento profundo y oscuro, irracional. Chad pareció notarlo.

“En el microondas.”

“¿Ah?”

“Jared dejó la comida en el microondas. Le dije que no cocinara pero insistió en hacerlo. No comió nada simplemente se acostó por el dolor.”

Chad miró con satisfacción como los ojos de Jensen se movieron para todos lados y los hombros se tensaron de culpa. La gente suele subestimarlo, en general lo toman por un idiota que no sabe mantener la boca cerrada, pero la verdad es que no es ningún estúpido, puede leer a las personas tan fácilmente como al New York Times (y es algo que contra toda creencia popular hace con regularidad). La situación no es fácil para ninguno de los dos pero si hay algo que Chad no está dispuesto a permitir (por más  Jared se enoje y no le hable por una semana y lloriquee) es que Jensen eche la culpa de todo a Jared. 

“Oh”

Jensen cerró la puerta de la heladera y se quedó parado. Sentía vergüenza de sí mismo, había pensado lo peor de Jared dos veces en menos de una hora. Merecía la mirada furtiva que Chad le propiciaba. Chad movió la cabeza para un lado y para el otro se acercó con precaución y puso una mano en el hombro de Jensen.

“Yo sé lo que se siente Jen, es una mierda. Pero si hay algo que te puedo asegurar es que Jared dejó a Misha en el pasado.”

“Sí, eso… ya sé Chad, pero no desconfío de Jared. Jamás de él.”

Chad era un experto de la mentira, podía reconocer una a la distancia (a miles y miles de kilómetros) pero decidió darle el beneficio de la duda a Jensen y no presionarlo. Quitó la mano con exaspero, vio a lo lejos la silueta de Jared moverse y automáticamente sonrió. Jensen notó el cambio de humor en Chad y supo el motivo. Volvió a respirar hondo.

“Jen… ¿llegaste hace mucho? ¿Por qué no me despertaron?”

“Chad dijo que te sentías mal.”

“Ah, sí. Dolor de cabeza.”

Sonrió, o al menos intentó hacerlo, porque Jensen vio más allá del gesto, el cansancio y algo que no registró inmediatamente y no pudo evitar sentir culpa, más culpa.

“¿Me invitan a comer algo o voy a tener que morderle el brazo a alguno?”

“Chad…”

“¡Por dios no! No quiero tener rabia.”

“¡Que te den Ackles!” 

Jared a pesar de la situación incómoda miró a Jensen cuando ambos sonrieron. Chad podía ser pesado pero tenía buen corazón y muchas veces se pregunta qué sería de su vida sin su amigo en ella, por supuesto que es algo que jamás le contaría. Nunca, nunca.

“Ya… siento la vibra en el aire y sé cuando la gente quiere que me vaya. Igual les digo que tengo muchas cosas más importantes para hacer que quedarme con ustedes.”

Jensen abrió el microondas y vio la bandeja de cristal, una bolsa transparente cubriendo el pollo. La sacó y quitó la bolsa cuidando de no estropear nada. Chad observó la escena por unos segundos antes de sonreír a su amigo, buscando calmar un poco la ansiedad.

“Adios Ackles.”

“Se, se. ¡Y ni se te ocurra volver!”

Gritó mientras presionaba botones que se traducían en números en la pequeña pantalla.

“Me vas a extrañar Jensen, algún día te vas a arrepentir de mi ausencia.”

Lo único que le respondió a Chad fue el “bip” del microondas y la espalda de Jensen que se movía con cierta brusquedad. El hijo de puta se estabas riendo. Jared sacudió la cabeza acompañó a su amigo hasta la entrada y esperó a que juntara los zapatos y se los colocara.

“Jared… ¡hey, todo va a salir bien!”

“Gracias.”

Chad lo abrazó de nuevo y salió a toda prisa del departamento. Jared cerró la puerta respirando profundo involuntariamente. Apoyó su cabeza en la vieja madera de la puerta, escuchó el sonido metálico del microondas a lo lejos y el eco de los tacos de los zapatos de Jensen. Tenían que hablar.

“¿Vas a comer conmigo?”

“No tengo hambre Jen.”

“Mmm… Jared, lo siento.”

El corazón de Jared dio un pequeño vuelco que lo dejó momentáneamente sin aire, intentó compensar su torpeza arrastrando un poco la silla en la cual iba a sentarse. Jensen estaba concentrado en el contenido del plato, incapaz de mirar a su pareja.

“No, yo… es mi culpa.”

Jensen finalmente apartó los ojos del bronceado pollo y los fijó en Jared. No había cosa más horrorosa que escuchar decir eso a Jared y, si bien en un principio no había hecho otra cosa que culparlo, la verdad era que el único inmaduro había sido él.

“No Jay, no digas eso.”

“Sí, si yo hubiese rechazado directamente a Misha cuando apareció en la puerta no estaríamos así… así cómo estamos.”

Jensen sacudió la cabeza, se levantó de su silla acercándose a Jared, le agarró la mano con fuerza y por primera vez en todo el día le dio un beso.

“No vamos a echarnos la culpa mutuamente Jay, lo de esta mañana fue una situación de mierda no vamos a negar eso pero,  si hay un culpable ese es el jodido de Misha, tu ex.”

Jared rió, sin forzar nada, simplemente un gesto genuino. El alivio que le traían las palabras de Jensen era inmensurable. El jodido Misha Collins podía irse a la mismísima mierda. Un ruido pesado perturbó su momento de necesitada paz, Jensen frunció el ceño y Jared lo miró confundido.

“Creo que algo está vibrando.”

“Oh… ¿es una invitación indirecta?”

“No, creo que es tu teléfono, idiota.”

Jared torció los labios y se levantó en busca del maldito aparato. ¿Por qué justo en ese preciso instante alguien tenía que llamarlo? Cuando lo encontró, en un rincón de la mesada, miró la pantalla por unos segundos y atendió sin reconocer el número. No pensó nada raro porque muchas veces recibía llamadas de colegas o amigos (incluso alguien de la familia) de números que no estaban registrados.

“¿Hola?”

“Ah, ¿Jared?”

“¡¿Misha?!”

No pudo evitar elevar su voz ante la sorpresa, cosa que de la que inmediatamente se arrepintió al ver el sombrío gesto de Jensen.

“Sí, conseguí tu número por unos contactos en común y, bueno, pensé en llamarte.”


¿Contactos en común? Misha y él no compartían contactos en común porque se movían en diferentes ámbitos, prácticamente pertenecían a mundos distintos. Pero muy poco le importaba de dónde había sacado su número lo único que quería era cortar la llamada y volver con Jensen.

“Misha…”

“Sí, ya sé, es medio acosador lo mío, ¿eh? Pero… quería pedirte perdón.”

Jared no supo que decir.

“Mmm, por lo de esta mañana. Sé que estás en pareja y que no me comporté debidamente pero, realmente me tomó por sorpresa.”

¿Por qué? ¿Esperabas acaso que después de tantos años yo siguiera tras tu patético culo? Las palabras murieron en su garganta porque no las creyó adecuadas, el pasado en el pasado. Suspiró pesadamente, tuvo miedo de mirar a Jensen pero lo hizo de todos modos. Jensen parecía estar muy compenetrado en la labor de quitarle al pobre pollo toda la piel.

“Y también por lo que pasó entre nosotros, realmente me hubiera gustado que las cosas fueran distintas. Sinceramente. Porque siempre fuiste importante para mí.”

¡Hijo de puta! ¿Con qué derecho, con qué…? Jared sacudió la cabeza con resignación.

“Ya Misha, lo que pasó entre nosotros quedó en el pasado. Ambos veíamos la vida de manera distinta y fuimos egoístas, ninguno quiso dar el brazo a torcer ¿sí? Crecimos y ahora no es distinto, recorrimos caminos muy diferentes. Yo estoy con Jensen y, la verdad, es lo único que quiero.”

A  Jensen se le cayó el tenedor de la mano. Levantó la mirada y, en ese instante, pudo ver como una especie de revelación la verdad al desnudo. Sintió ganas de correr y abrazar a Jared, de tomar el teléfono y gritar ‘¡Qué te den Misha Collins, Jared sólo quiere estar conmigo!’ o decirle a Chris que siempre tuvo razón porque muy a pesar de querer disimular en realidad Jensen no es más que un estúpido romántico.

“Sí, sé. Pude ver esta mañana la intensidad con la que lo mirabas. Siempre fuiste así de sincero, incluso cuando no decías las palabras tus gestos te delataban y, en eso difiero Jared, porque no cambiaste. Igual no tengo derecho de decir esas cosas, perdón nuevamente, divagué. Típico de mí, ¿eh?”

Jared rió un poco, Misha solía hacer eso cuando se ponía nervioso o cuando estaba muy, muy cansado. Hablar incoherencias.

“Espero que sean felices Jar, de corazón.”

“Gracias.”

Y sin más la línea murió. Jared miró la pequeña pantalla sin saber qué hacer. Tenía nuevas explicaciones para dar a Jensen, suspiró por enésima vez en el día y juntó coraje. Arrastró sus pies hacia la mesa dónde estaba su pareja, quien para su sorpresa lo miraba expectante.

“¿Y? ¿Te prometió tickets para su nueva película?”

Tsk. No y la verdad que agradezco que no los haya ofrecido.”

“Yo también porque, te soy sincero, Julia Roberts me parece una pésima actriz.”

Ambos rieron y comieron en paz, no volvieron si quiera a mencionar el nombre Misha Collins por lo que quedó de la noche y, tampoco querían hacerlo por lo que les quedara de cordura. Sí hablaron de proyectos en común y cosas ínfimas que reconfortaban su relación.

Un mes después recibieron un sobre color marrón, cuando lo abrieron no se sorprendieron de encontrar dos entradas para la premier de ‘Un amor casi irreal’ Jensen rió tanto que creyó se le abriría el estómago y sus intestinos caerían al piso, ensuciando la alfombra. Jared lo acompañó por un rato hasta que tuvo la dignidad de tirar el sobre y su contenido a la basura. Jensen tenía razón, ¿qué buena actriz trabajaba en una película con un título tan malo como ese? Entre risa y risa compartieron besos y se burlaron de actores pomposos y sus supuestas personalidades excéntricas.

Jared no podía ser más feliz.

Feb. 17th, 2012

Homoerotica

       Hace unos días recibí un mensaje vía facebook de una amiga que decía: 


ESTO PODES RESPONDER CUANDO TE PREGUNTEN PORQUE TE GUSTA EL YAOI....

En el capítulo 6, “Welcome to Bisexuality, Captain Kirk: Slash and the Fan-Writing Community”, se explora la aparición del género slash, relaciones sexuales de dos personajes del mismo sexo, que se desarrolló desde 1970 por parte de la comunidad de
fans de Star Treck, y que suscitó muchas controversias entre las comunidades de fans, e, incluso con algunas feministas de corte académico. Visto el género slash como una forma de confrontar las formas represivas de la identidad sexual y que, igualmente,
provee alternativas utópicas a las nuevas configuraciones de género, Jenkins llama la atención de que si en la mayoría de los casos de escritores fans son mujeres, el slash es enteramente un género femenino, con lo cual no sólo se manifiesta el tipo de “realismo emocional” que la mujeres tienden a explorar en los textos mediáticos, sino la manera como a partir de los cuales, los vinculan con su vida social y subjetiva, la posibilidad de
experimentar más allá de sus condiciones y posibilidades reales dentro de una identidad fluida y satisfactoria, autónoma, que regularmente no es posible a través de las historias de corte heterosexual

 
    Siendo muy sincera cuando leí la primera oración sentí un poco de molestia, pensé "¿a quién le voy a decir y por qué tengo que dar explicaciones de por qué me gusta lo que me gusta?" Quizá me molestó el hecho de que ella, mi amiga de toda la vida no supiera el por qué, quizá me sentí juzgada o no sé, realmente no sé de dónde salió esa actitud defensiva. Fuese lo que fuese lo deseché rápidamente porque me llevó a pensar... "¿por qué me gusta el yaoi?" y supe enseguida que ella quería compartir conmigo.
   Sí, soy de esas personas que cuando les gusta algo se obsesionan de una manera no muy saludable y la verdad es que el slash/yaoi/temática gay como más les guste, abarca la totalidad de mi tiempo. Es insano. Pero no me estoy quejando. Sólo sé que un día desperté y ¡pum! se convirtió en casi una necesidad. (Tengo una loca teoría de que quizá en alguna vida pasada fui hombre y, bueno, gay).
    La razón o razones, la verdad que no sé... pero llegué a la conclusión de que lo considero la clase más pura de amor. Puedo estar loca, yo que estoy loca, pero es lo que siento. Creo que el amor entre hombres es el estado más puro que existe.

Y bueno... en realidad todo esto es una puta excusa para no seguir estudiando y, principalmente, para gritarle al mundo que SUPERNATURAL es lo más slash que vi en mi vida después de SHERLOCK.  


 Pueden seguir con sus vidas, yo seguiré con la no-mía. Muchas gracias. 


Jan. 29th, 2012

Shout it out!

"ELOCUENCIA METAFORÍSTICA"

     Básicamente, NOTENGOVIDA! 


    Ayer comencé a "estudiar" pero los intentos son fútiles. 
Siempre me pierdo/distraigo y termino haciendo cualquier cosa. 
La culpa... 
ESTO: 


SHERLOCK HOLMES está comiendo mi vida... de a poco, despacito, suavemente (en cámara lenta xD) 
 En realidad la culpa la tengo yo y mi mente SLASHERA.
Sep, yo sé que voy a morir joven. 


Jan. 27th, 2012

Ain't I pretty

Había una vez!


-Esa casa... me gusta como pintaron esa casa. 

-Todas las casas están pintadas iguales. 


     TOTAL (EPIC) FAIL      

Jan. 23rd, 2012

dear...", John Watson "Oh

Laberinto

Yo debería sentirme FELIZ o al menos algo parecido a eso. 

Y sin embargo estoy acá escribiendo que no, que hoy me siento una boluda total. 

Me doy cuenta de que es muy fácil decir "quiero cambiar" pero la parte difícil es (cuando te das cuenta de que las palabras se las llevó el aire, que volaron como un papel sin importancia) ponerte en acción. 

Yo me pregunto ¿por dónde empezar? 

Pienso y pienso... y ahí quedó todo ese accionar. En el pensamiento, en lo recóndito de la mente, para evaporarse segundos después como si nunca hubiera, si quiera, tenido nacimiento. 

Yo sé que me hago drama por muchas cosas... exagero mucho en muchos aspectos (sobretodo conmigo misma) y soy de complicarme la vida por asuntos sin importancia. Sí, soy de las que se ahogan en un vaso de agua. 

¡Una mierda, che! 

Pero, mientras muchas veces lo veo con humor otras me exaspera bastante. 

Esa pasividad traidora, ese sentimiento de culpa constante, es lo que no me deja avanzar. Me doy cuenta una y otra y otra vez que tengo defectos (obvio, soy humana) que digo que voy a cambiar porque me sobrepasan pero al rato, vuelvo otra vez con lo mismo. (Y esto se torna aburrido y cíclico y... sin sentido) 

La conclusión: DEJAR DE DEPENDER DE LOS DEMÁS. 

Ya debería haber aprendido esa lección hace mucho tiempo pero parece que soy muy dura/densa a la hora de asimilar aprendizajes. 

PD: natipooh! AGGGGHHHHH por dónde comenzar? PERDÓN Y MIL MIL GRACIAS por todo lo que haces por mí! Lo aprecio SOBREMANERA u.u Hoy aprendí una nueva lección (otra vez) Perdón por ser esta clase de persona, que reacciona sólo ante situaciones límites y que no es muy despierta xD 


Jan. 20th, 2012

Shout it out!

Mientras el mundo colapsa...

      Bueno, hace unos días me di cuenta. ¿De qué? De muchas cosas pero, puntualmente, de que yo no soy como esas personas que hacen balances de fin de año y que tampoco hace en un papelito una lista de "propósitos a cumplir" Jamás me di ese privilegio, ¿por qué? No lo creí necesario. Pero, como un golpe de rayo, caí en la cuenta de cuan desorganizada está mi vida. Es como si el cosmos estuviera al revés y decidí que, si quiero cambiar mi "suerte", tengo que empezar a cambiar muchas cosas de mí misma. Como escribí, no soy de ese tipo, pero ahora lo encuentro totalmente necesario... necesito tener objetivos en mi vida. 
   
       Cuenta la leyenda que hace algunos años atrás solía tener metas en la vida que me proponía y con fervor quería cumplir. Que solía ser una niña activa que tenía ideas fijas y buscaba como concretarlas. Pero algo cambió, en algún punto de la historia pasó algo que hizo que la magia desapareciera. ¿Qué? Y bueno... esa maldita bruja llamada "COMODIDAD" La culpa de todos los males (en este caso por lo menos, y seamos realistas, en varios también).

       Para combatir ese mal es que me estoy proponiendo metas (y ahí está, un propósito!). El año pasado no fue el mejor (el anterior menos que menos) pero no vamos a ahondar en detalles. Lo que verdaderamente importa es que no quiero que se repita. Pero lamentablemente hay cosas que voy a tener que repetir, muchas materias (incluido taller) de la universidad. Una bosta si me preguntan, pero las responsabilidades hay que asumirlas y no tengo (bueno, sí tengo y MUCHA) vergüenza en decir que YO soy la única culpable. Nuevamente... ¡una bosta! 
   
       Primordialmente, lo que quiero para este año es que la gente que me rodea sea feliz, que cumpla sus propias metas y que no haya tristeza en su vida (un poco utópico porque es parte de la vida, ya sé) pero me tocó ver a muchos de mis amigos/seres queridos hundidos en tanta bosta el año pasado que no quiero que vuelva a pasar. ¡Merecemos ser un poco más felices, che! Somos buena gente, no le hacemos mal a nadie... (y ahí está, otro cambio) ¿Cuál? Ese, el CREER que merezco algo. Soy de las personas que siempre están haciéndose cargo de todas las cosas malas que pasan a su alrededor, tiendo a echarme la culpa y asumir responsabilidades. Tomemos como ejemplo la entrada anterior (no la de Sherlock, sino la otra) Hablando con Lucía nuevamente, es que noté que aún cuando Maxi fue MUY HIJO DE PUTA conmigo yo preferí, quise, creer que las cosas las hizo sin querer. "¡No! Si las hizo fue de hijo de puta... ¡basta de excusar a los demás y echarnos la culpa!" Basta de excusar a los demás y echarnos la culpa, como una pequeña daga filosa esa frase se hundió en mi pecho. Es cierto, soy esa clase de persona, pero ya no más. Si a alguien no le gusta como pienso o como soy, bueno, ¡qué lastima por ellos! Yo no puedo hacer nada, no voy a obligar a nadie que me quiera y yo tampoco tengo porque buscar/rogar la aprobación/cariño de nadie. Las cosas como son y listo. 

      Necesito inspiración, que todavía no me llega... ¡qué poco creativa soy! ¿Ven? Vuelvo a lo mismo, a caer en ese círculo vicioso del "poco autoestima" Sí, también soy de esas personas que poco o nada se valoran. Siempre le comenté a Mariana (mi analista o bueno, lo fue durante el año pasado pero hace mucho que "no la visito") de mi escaso amor propio. Lucía siempre me reta por eso, me dice que tengo que quererme más y dejar de (auto)criticarme. Es como un acto reflejo, quizá es mi escudo de protección, no lo sé. La crítica es buena, y creo que mucha gente no la posee y por eso pecan de narcisistas. Igual... tiene razón, suelo criticarme mucho. También quiero cambiar eso de mi persona. 

      Esto se hizo extenso... es nuevo para mí esto de escribir cosas/pensamientos/loquesea y compartirlos con otras personas porque soy muy reservada pero me gusta la idea (o será porque me gusta mucho escribir) sea lo que sea de momento no me va tan mal :D 

Jan. 18th, 2012

S/J "What are we doing?"

Lie down with me Watson!

FUCK SHIT! VI SHERLOCK FINALMENTE!!! 

DIOSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS! 


Para mí, esa imagen lo resume todo... nah, mentira! La película estuvo bárbara (sí, cierto tuvo sus pequeñas cositas como el efecto de las peleas/escenas de acción que me parecieron un tanto exageradas) ame cada segundo, cada ángulo, cada escena que pasaba... fue ASDFGJHLOMJKOADAGHAVHGN!

Y qué decir de la interacción HOLMES/WATSON! Dios! Esos dos se AMAN! Es que... imposible no ver el slash (si bien es cierto que la relación del detective con el doctor siempre fue rara hay como una doble intención de parte de los guionistas/director xD) sea como sea, AME LA PELÍCULA! 

¡¡QUIERO MÁS!!



Si puedo iré a una vez más al cine *-* 

Jan. 16th, 2012

Shout it out!

Finalmente... ¡Adiós!

¿Cuántas veces uno dice "ya fue"? Pero ni bien se dicen esas palabras uno siente que, en realidad, "ya fue" no fue nada. Todavía sigue ahí, clavado en el pecho, como un algo que acecha y que se presiente no se irá hasta que finalmente, un día, uno despierte y sienta una liviandad, una extrañeza, un sentimiento de "¿falta algo?" y uno no reaccione hasta que ese "ya fue" haga eco en la cabeza. Al rato vamos a reírnos porque así de torpes somos, no nos damos cuenta de las cosas al instante, no las captamos cuando las tenemos que captar y después nos arrepentimos pero se sigue adelante porque la vida nos enseño que así deber ser. 
 Y bueno, Maxi es ese "ya fue" en mi vida que aparece, recurrente, que va y que viene. Un fantasma abrasivo. Debo admitir, pasé por todas las etapas: "me gusta" "y... es más que gustar" "¡pero qué boludo!" "¿por qué hizo eso?" "¡lo detesto!" "la verdad que, ¡pobrecito!" "sí, lamentablemente me sigue gustando" "¡uhh, ya está, no quiero saber más de él!" "¡pero hacete dar!" "así es la vida..." "sin rencores hay que seguir adelante, si es gay es gay" 
  Sí. Al final, resultó que Maxi (quien cruzaba las veredas para saludarme, se pasaba las horas de clases mirándome fijamente, algunas veces ni siquiera me miraba al pasar a mi lado, me dejaba comentarios ambiguos en mi facebook, me dedicaba videos, "se ponía celoso" cuando me veía con otros chicos) es gay. Carlitos, es su pareja y con quien ahora va a convivir. 
 "Frágil, nos estamos mudando" La imagen (una caja, un osito, un personaje de Naruto y un monitor) tenía por leyenda "JUNTOS!!!!!" Si vos en mi lugar hubieras leído eso, ¿cómo te sentirías? ¿Frustrada? ¿Engañada? ¿Burlada? No voy a mentir. Sí, me sentí una boluda. Sentí que era injusto que nadie me diera una corona (o una tiara de strass) y unas rosas como suelen hacer en los concursos de belleza a esas chicas muy bonitas que salen elegidas reinas. Bueno, yo me sentí la reina de las boludas, pero lo mío era más patético porque ni siquiera una tiara pedorra recibí. Me reí sujetándome la cara, pensando "lo sabía, lo sabía" y sin embargo, por mucho tiempo decidí engañarme. Pero, llegamos al fin de esta historia que jamás tuvo un comienzo si quiera. Una historia llena de momentos extraños, momentos lindos, no tan lindos, escenas bochornosas (cómo esperar a que Maxi saliera del baño para confesarme), y todo lo que uno se puede imaginar cuando está "enamorado"; todas esas situaciones que preferiría olvidar pero que, en realidad, todavía siguen latentes.
"Quiero creer que las cosas que hizo no fue de hijo de puta. Pasó por una etapa de confusión, nada más pero ya la superó y ahora se ve que es feliz"
"Igual, para mí sí histeriqueó"
Me dijo Lucía, ella mi amiga incondicional que estuvo en una y todas esas etapas por las que pasé (y por muchas otras situaciones que uno pasa en la vida y que a uno le gustaría que no pasaran) . Sí, la verdad es que yo también lo creo y en es un hecho que no se puede negar. Me pregunté, hoy cuando me desperté, ¿por qué a pesar de todo sigo pensando que la gente no tiene maldad? Es claro, muy evidente, que la gente tiene esa cosa, está en su naturaleza, ese egoísmo absoluto. Aún así yo, a pesar de que se rieron de mí porque, Montserrat (amiga de Maxi) no fue para nada disimulada cada vez que me veía, decido pensar que fue una etapa de confusión y nada más. 
"Un puto arrepentido que pasó por una etapa de confusión y que ahora vuelve a ser puto" 
Y bueno, no queda nada más. Me río y por ahí tengo ganas de llorar. Me siento en la computadora y hago una lista de las canciones que escuché y que me hicieron acordar de él. Las borro. Me conecto, miro su Facebook, la imagen de la caja con la leyenda sigue ahí, él subió un video. Pero ya nada tiene sentido. Estos sentimientos abstractos se van pero están ahí, todavía, y yo espero que definitivamente se vayan sin avisarme así un día despierte y piense "¿me falta algo?" La verdad que nada. 


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